Para nada tenia intención de comentar nada en este blog que no tuviera que ver con el ciclismo, pero las circunstancias, a mi como a casi todos, nos han hecho reflexionar -cuanto menos un rato- acerca de la vida en general y la condición humana en particular.
Quizás muchos hemos comprendido de forma acelerada lo que es «el efecto mariposa», lo que un estornudo en Wuhan puede provocar en el resto de planeta, hemos entendido sin titubeos que era esto de la «Globalización» que tanto nos habián hablado. Ya no podemos retroceder y cambiar el principio pero si podemos partir de donde estamos y cambiar el final. Y hoy sabemos que subestimar el poder de la naturaleza nos puede llevar a nuestra propia destrucción.
Y sin pretenderlo, se activaron nuestras neuronas, se dispararon nuestros sentimientos y emociones de la misma manera que lo hacen cuando estamos inmersos viendo una película de la que creemos formar parte. Un aplauso nos hacia llorar, una mirada complice nos reconfortaba y la salud de los nuestros nos obsesionaba… pero lo que en realidad activaba nuestras neuronas era «el miedo», el miedo cuando entendimos la magnitud de la tragedia, porque esta vez no se trataba de los ocho mil niños que mueren cada día en Somalia a causa de la hambruna, que está a 6.000 km. de nuestra zona de confort y de los que las TV bién poco hablan. Esto nos estaba afectando directamente a nosotros, si hemos tenido la suerte de que nuestra familia se librara de la infección, teniamos un amigo, un vecino, un conocido… la amenaza se cernía sobre cada uno de nosotros, una amenaza desconocida, la cual manteniá en jaque a prácticamente la totalidad de nuestras mentes más expertas en la materia.
Estabamos indefensos, era un «virus» transversal, desconocido, que no atendía a clases sociales, no servía el dinero, ni la sanidad privada, ni el futbol ni los toros, tan siquiera la fé nos garantizaba nada… y ahí se nos desmonto «todo» a todos. Bien… todos? a casi todos, una estirpe de políticos irresponsables de un signo y del contrario, seguían con su cruzada habitual en pos de la nada. A la vez que buena parte de la prensa se recreaba sin pausa con lo necesario y lo innecesario de la situación.
Epidemiólogos como Antoni Trilla o Julia del Amo, infectólogos como Oriol Mitja, Bonaventura Clotet o Benito Almirante o virólogos como Adolfo García-Sastre pasaron a formar parte de nuestras vidas, por un breve espacio de tiempo, les comieron la tostada en las redes sociales a los Messi, Ronaldo, Alejandro Sanz o Shakira. Nos importaba más un tweet de los científicos que del resto de los mitos forjados en tiempos de luces… y por un momento -porque cuando todo pase probablemente volveremos a ser como éramos- pudimos parar un instante a reflexionar, e intentar poner en valor conceptos que quizás teniamos mal posicionados.
Acabo y me quedo con estas palabras que alguien escribió:
» … y las potencias que se creían infalibles vieron como se puede caer ante un beso o un abrazo y nos dimos cuenta de lo que era importante y lo que no, entonces una enfermera se hizo más indispensable que un futbolista, un transportista era más necesario que un agente de bolsa y un Hospital más importante que un misil. Se apagaron las luces de los estadios, las misas en las iglesias y los conciertos masivos. Y empezamos a valorar la ciencia por encima de la economía, que nuestra pirámide de valores estaba invertida, que la vida siempre fué lo primero y que las otras cosas sólo eran accesorias.»